29 ene 2009

da perenne gaudium

17 ene 2009

Flores de Cortázar



De muchachito se me educó con angustia católica escolástica patriótica. La culpa cristiana, agriando mis crayones, es una sensación recurrente cuando repienso la construcción discursiva de mi cuerpo niño. Me recuerdo como un muchachito tibio insidiosamente coercionado. Coercionado en las acotaciones del discurso, sin enmudecer el brote erótico, sexual, pero enseñándolo (hablándolo conmigo mismo) como un secreto culposo o juego insinuado. Así mi sexualidad se reducía en un nivel discursivo que, ansioso, se volvía casi práctico en el rito colectivo posterior al deporte: mi sexualidad la vivía en los vestuarios del club. Latigazos de toallas mojadas, el chiste del jabón peligroso frente a la dominación, algún travieso que te toca el culo, que te estira el boxer hasta colarlo en el enredo lúdico del descubrimiento mutuo, en la comparación de tamaños y la legitimación grupal de la hombría del que la tiene más grande.

Lo mismo me sucedía en las prácticas de taller en la escuela industrial a la que iba, donde no solo se me pretendía cristiano sino también conocedor de las labores dignas de un hombre, pero claro, mi tentación era poderosa. Y poco me importaba la carpintería o la electricidad ante el espectáculo de mis compañeros sudados y desnudos bajo el enterizo de trabajo a medio abrir. Se repetía la historia entonces, cuando alguno me apoyaba al pasar por el pasillo. “Como te gusta maricón”, me decía el activo casual. “Salí puto”, le contestaba, varonil, disimulando la dilatación y ocultando mi identidad.

Luego, ya egresado, conocí al chico de mi vida. Nos llenamos de flores leyendo a Cortázar y esas cosas. Y nos escribíamos poemas. En una ocasión, a raíz de mi atontamiento de enamorado, dejé olvidado en la cocina uno de los poemas que mi pareja me había escrito, firmado con un gigantesco “Te amo, Tincho”. Salí de ducharme y me encontré a mi madre con el texto en sus manos. “¿Qué es esto?”, preguntó, perpleja. Y atiné a responderle: “Es lo que es. ¿Qué queres que te diga?”. Así, dentro del propio entorno discursivo en que me escondía, se me halló sorpresivamente y se me sacó (sin chistar) a patadas del armario.



Fabro Tranchida, septiembre de 2008


Este texto fue publicado en la edición del 16 de enero de 2009 del suplemento de diversidad Soy del diário Página 12.

Link a la edición del 16 de enero del suplemento Soy
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/soy/index.html

Link a mi texto
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/soy/1-556-2009-01-17.html




14 ene 2009

rege quod est devium

12 ene 2009

Fove quod est frigidum

2 ene 2009

Azules necesarios


Domingo, afuera llueve y escuchamos enternecidos uno del otro ese disco de esa banda islandesa que suena tan lindo. La montaña nevada cabe en tu palma y me la acercas para que la mire desde arriba y encuentre el detalle de los caballitos miniatura pastando. Por ser de tan lejos, nos arrastran kilómetros de objetos significantes. Especialmente en esta parte, en esos coritos de fondo que son rarisimos. Y nos gustan, no por querer ser extravagantes sino porque es música de muchachos de viento, saciedad en los azules.

Quiero quedarme en este abrazo.

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Fabro Tranchida

Buenos Aires, 1 de enero de 2009



Como gatito




No se trata de excusas. Busco tus manos en la oscuridad, sé que están. El olor me habla de trenes, de niños que juegan bajo la sombra de los frutales. El ciervo que respira cerca del agua. Su aliento se congela y es visible. Busco tus manos a partir de estas imágenes de postal cristiana americana, la realización del pictograma primitivo. Niño humano autentico e irracional. Soy muchacho de viento y me lleno de cascabeles. Si tu sonrisa es todo. Me saco la caverna de la verga, escupo el mondadientes diario, desecho mi hombría de tribuna, mirame, me arranco la reja turbia. Reposo mis ojos como gatito ¿Ves? Si soy un cortesanito frágil, de carita blanca y lunar pintado. De labios delicados. Te abrazo y miramos Candilejas de Chaplin y lloro. Te hago recorrer todo tipo de azules que me son necesarios. Descubro que sos hermoso. Descubro que aveces soy un viejo agrio de mesura apalabrada.


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Fabro Tranchida

Buenos Aires, 1 de enero de 2009